Datos estadísticos de diversos estudios muestran que la incidencia del estrés, la ansiedad y la depresión en la población mundial ha aumentado en los últimos años. Un estudio reciente de las Naciones Unidas denominó al estrés como “La enfermedad del siglo XX”. En la misma línea, la OMS la define como una “Epidemia Mundial”

Estrés y ansiedad son términos que se confunden, porque no son taxativamente diferentes. Vamos a hacer una breve descripción de cada uno de ellos.

Mientras que el estrés es el “conjunto de reacciones fisiológicas que prepara al organismo para la acción”, según la OMS, la ansiedad se trata de la reacción de estrés (que como tal no tiene por qué se negativa), mantenida en el tiempo. Éste interpreta, en ocasiones, como amenazantes, estímulos que por sí solos no tiene por qué serlo. De esta manera, las reacciones fisiológicas normales  se vuelven patológicas, por ser mantenidas y sin estímulo de origen claro, y nos hacen sentir mal a nivel físico, emocional y cognitivo.

Dentro de las muchas intervenciones necesarias para tratar la ansiedad, propongo en este post conceptos básicos como hábitos saludables a adquirir para una mejor salud mental, que pueden servir en el tratamiento de la ansiedad (acompañado siempre mejor por un profesional) y para cualquier persona que, aún sin sufrir ansiedad, les puede beneficiar.

 

  1. Diferenciar entre lo importante y lo urgente

Tanto como técnica de organización del tiempo como para cuando una serie de pensamientos “se nos hacen bola” y no sabemos por dónde empezar a ocuparnos, que no preocuparnos. Esta es la técnica más comúnmente utilizada; la matriz de Covey.

 

Matriz de Covey

Para ser capaces de diferenciar de lo que debemos ocuparnos antes, después, o de lo que ni siquiera debemos ocuparnos.

 

  1. Adquirir o potenciar hábitos mentalmente saludables:
  • Dormir 7-8 horas, no menos, pero tampoco más. Hay personas que creen necesitar menos tiempo de descanso, y es posible, pero lo habitual en la vida adulta es necesitar estas horas de sueño diarias. Y no sólo dormir, sino dormir bien.
  • Una alimentación saludable es fundamental para el buen funcionamiento del cuerpo, ¡y del cerebro!, que también es cuerpo y necesita de todos los nutrientes que proporciona una alimentación saludable para su correcto funcionamiento.
  • El ejercicio físico es fundamental para una buena salud física y mental. Además de fortalecer músculos y beneficiar al buen funcionamiento cardiovascular, el ejercicio físico libera serotonina (la llamada hormona de la “felicidad”), dopamina (la hormona del “placer”) y endorfinas (la “morfina endógena”, la hormona que nos hace capaces de sentirnos mejor físicamente, de soportar el dolor, etc)

Para tener una “mens sana in corpore sano”, y viceversa.

 

  1. Entrenar técnicas de desactivación fisiológica (relajación, respiración) y entrenamiento de la atención (mindfulness, meditación). Porque nuestro cerebro, comparado a un procesador, cuantas más ventanas abiertas tenga, más lento el procesamiento y más se calienta el motor.

 

  1. Definir el tiempo de ocio en igualdad de condiciones que el de trabajo: 1/3 trabajar, 1/3 descansar, 1/3 disfrutar.

 

Todo esto, desde luego, con calma, sin obsesionarnos, como algo para sentirnos más libres, no más esclavos. Esta es la clave fundamental.

 

Ana Millán