Las emociones II: El miedo

Imaginemos un hombre de las cavernas que sale a cazar. Va cargado de energía con sus instrumentos de caza en busca de la presa, y de repente topa con un animal más fuerte que él, un animal al que no puede cazar, sino que, al contrario, es probable que sea cazado por éste. Lo que pasa en su cuerpo, en su sistema límbico y sistema nervioso periférico es que siente miedo. Esto da lugar a una serie de reacciones fisiológicas que le llevan a percibir que se encuentra ante un peligro potencial. Aparece la respuesta de lucha-huida (lucha si considerase que tiene que luchar para salvar su vida, huida si considera más adecuado huir para el mismo fin).

Esta emoción, el miedo, nos alerta de un peligro potencial. ¿Es positiva o negativa? En todo caso, si tuviéramos que clasificarla en esa polaridad, diríamos que es positiva porque es adaptativa, si no se hubiera activado la emoción del miedo, tampoco la reacción de lucha-huida, y entonces probablemente el león habría acabado con el.

Podemos pensar que el hombre de las cavernas huyó porque pensó que sería un peligro potencial, pero las gacelas también huyen en esta situación, y no poseen la capacidad de pensar, como tal (no tienen la estructura cerebral llamada cortex prefrontal, encargada de las funciones superiores como el razonamiento, la lógica, el lenguaje, etc).

Si en algún caso el miedo puede ser “negativo” o desadaptativo, sería porque el miedo, cuando no encontramos una causa concreta (que en realidad siempre la hay, pero no es tan fácilmente identificable como el león) y si se sostiene en el tiempo, se puede transformar en ansiedad, en fobias, o en cualquier tipo de malestar psicológico o incluso físico.

Es por esto que lo saludable, lo dirigido al bienestar, es poder aceptar que sentimos miedo, y que éste, bien encauzado, bien expresado, y aunque no es una emoción placentera, como sí lo es la alegría, puede ayudarnos a detectar posibles peligros, o bien situaciones que en un momento de nuestra vida hemos identificado como peligrosas, pero de manera racional no lo son. O quizá si lo son, pero el negar un sentimiento hace que se alimente.

No pienses en un elefante rosa… ¿En qué piensas?

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