La ansiedad a rasgos generales, ¿qué me pasa?

Los significados de ansiedad son muy diversos. Es común definirla como una emoción de alerta, con síntomas asociados de inquietud, desasosiego, nerviosismo, temor, preocupación y miedo a perder el control, todo ello normalmente desbordado, aparentemente fuera de nuestro control.

La ansiedad sin ser un estado prolongado, es necesaria y probablemente la heredamos de nuestros ancestros, se desarrolla como un sistema de defensa del cuerpo ante un peligro inminente que puede ser en ese momento o haber sido en otro anterior y, debido a la circunstancia amenazante para la supervivencia, se ponen en marcha una serie de mecanismos de defensa de nuestro sistema nervioso como la respuesta de alerta, donde se activan los músculos de nuestro cuerpo para  luchar, o huir, en principio para la propia supervivencia. Pongamos que un “hombre de las cavernas” advierte unos rugidos de leones que se aproximan; tiene que decidir huir y por eso todos los músculos de su cuerpo se activan y el sistema nervioso “da todo de sí”. Esta situación corporal se repetirá cuando oiga a lo lejos algo que se le parezca a un rugido de león y, cuando descubra que no lo es, el sistema nervioso y el cuerpo entero volverán al estado “normal” en que estaban antes de oír los rugidos. Esto es la ansiedad.

El problema aparece cuando el ser humano de hoy en día percibe un estímulo que en algún momento de su vida ha derivado en una amenaza para él. La ventaja, o inconveniente, es que los estímulos que tenemos en la sociedad en la que vivimos son infinitamente mayores que en la época “de las cavernas”, y las situaciones que se dan son mucho más complejas y mucho más diversas que entonces. Es por ello que la ansiedad se hace una situación difícil de entender, sobre todo para el que la sufre, porque aparecen una serie de síntomas asociados a unos estímulos que probablemente no sepamos identificar y normalmente son diferentes de unos a otros individuos. De esta manera, hasta que cada uno no advierta cuáles son los estímulos que provocan ansiedad en uno mismo, no podremos actuar sobre ellos.

La ansiedad se trata normalmente con fármacos comúnmente llamados ansiolíticos, y se suele reforzar el tratamiento con antidepresivos. En una primera fase es importante tratar directamente el cuerpo como tal, desde estos fármacos, siempre prescritos por un médico, para poder mitigar los SÍNTOMAS y, una vez que el cuerpo se encuentra más “en calma”, es NECESARIO indagar qué estímulos son los que provocan ansiedad y para curarla, aunque no es cuestión de unos días, es necesario tratar el por qué esos estímulos nos provocan esa sensación que muchas veces nos incapacita. Una vez que se haya tratado esa situación o situaciones, además de dotar a la persona de las herramientas necesarias para mitigar las crisis cuando lleguen, la persona tiene que conocer y tratar de raíz, una y otra vez, el por qué es eso y no otras cosas lo que le provocan esos síntomas.

Hay que “arrancar de raíz” el problema, no sólo “echar pesticidas” o cortarle las hojas al árbol. La ansiedad es sólo la punta del iceberg.

 

Ana Millán Delgado

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