¿Quieres salir de lo que te atrapa?

Todos tenemos y sentimos dolor y sufrimiento en algún momento. Todos vivimos situaciones de las que nos sentimos atrapados y con seguridad, nos gustaría salir de ellas. Probablemente en estás situaciones cada uno siente todo esto en una u otra medida y en diferentes formas o sensaciones, pudiendo llegar al dolor ya sea físico o digamos ‘emocional’.

¿Te has preguntado alguna vez de dónde surge el dolor?

Hoy comparto la perspectiva de Eckart Tolle sobre el dolor y es que “lo creamos nosotros mismos como consecuencia de una falta de aceptación y no observar nuestra vida. Así la intensidad del dolor depende del grado de resistencia al momento presente y ésta a su vez, de lo fuerte que sea la identificación con la mente, pues la mente trata de negar el ahora y escapar de él”.

Puedes hacer ahora una sencilla prueba…

Piensa en una situación que te incomode, te desagrade. ¡Sí, date permiso!

Ahora observa cómo tu mente le está poniendo una etiqueta y cómo ese proceso de etiquetar, ese continuo enjuiciar te hace sentir. ¿Qué te crea? Puede que dolor. Puede que sufrimiento…

Es decir, cuánto más aceptemos y valoremos el “ahora”, más libres de dolor y el sufrimiento estaremos.

Acepta y después actúa. Acepta cualquier cosa del momento presente como si la hubieras elegido y trabaja siempre a favor del momento, no contra él. Haz del presente tu amigo y aliado.

Para ello te dejamos 3 sencillos tips con los que puedas entrenar y retarte para dar un paso más en tu concentración y presencia en el momento presente y gestionar esas situaciones que te atrapan. ¡Trabaja en tu bienestar!

  1. Céntrate en la única cosa que puedes hacer ahora, no en las 100 que vas a tener/tienes que hacer.
  2. Ejercita tu mente: lee algo diferente, juegos de cartas…
  3. Respira conscientemente, ¡al menos 2 veces al día!

Tú decides cómo y cuándo poner me práctica ésto y cuánto de “observador” quieres ser.

Sal y salta de la posibilidad a la realidad.

Elisa

Pesadillas y creatividad

Lee nuestra colaboración en este artículo en el siguiente enlace

Pesadillas y creatividad

 

Bv

http://as.com/buenavida/2016/08/23/portada/1471945008_040197.html

 

¡Feliz 2017!

Queremos desearos lo mejor en este nuevo año, ¡que seas muy felices!

Foto: Brigitte Tohm para unsplash

Foto: Brigitte Tohm para unsplash

Los grandes retos están compuestos de otros más pequeños, y la vida se compone de  detalles. Así que os dejamos 12 pequeños propósitos para 12 nuevos meses…¡esperamos que os gusten!

1.Mejora tus relaciones

  • Queda con alguien a quien no ves hace tiempo
  • Llama a un amigo del pasado
  • Deja el móvil en otro sitio cuando estés con amigos o familia
  • Dile a un amigo que es importante para ti

2. Haz ejercicio físico

  • Bájate una parada antes del bus o del metro
  • Ve a pasar un día al campo
  • Da un paseo con alguien de conversación agradable
  • Haz turismo por tu ciudad

3. Toma conciencia

  • Sé sincero sobre cómo te sientes hoy
  • Date cinco minutos para observar tu respiración
  • Reflexiona un momento sobre cómo ha ido el día

4. Da

  • Date cuenta de lo que se te da bien, y ofrécete a tus amigos, a los demás
  • Escucha a un amigo que tiene un problema, sólo escucha
  • Haz una pequeña donación

5. Haz cosas nuevas

  • Prueba ese hobbie que siempre te ronda la cabeza y nunca has empezado
  • Descubre un nuevo camino a casa
  • Prueba una nueva receta

6. Busca tu dirección

  • Ponte una meta importante para ti, no para otros
  • Piensa cómo te gustaría ser el año que viene
  • Disfruta de lo que consigues

7. Cuida de tu cuerpo

  • Duerme media hora más (o menos)
  • Sal y disfruta de la naturaleza
  • Apaga los aparatos electrónicos para dormir

8. Mantén tu mente activa

  • Ve a una exposición cultural
  • Lee un libro de tu género preferido
  • Habla con alguien interesante

9. Practica la resiliencia

  • Piensa en tus herramientas para salir de las crisis
  • Encuentra lo positivo de los cambios
  • Valora tus pequeños esfuerzos para superar los obstáculos del día a día

10. Realza tu emoción positiva

  • Da las gracias
  • Disfruta de los momentos felices
  • Aprovecha momentos de inspiración

11. Acéptate

  • Mírate al espejo y perdónate lo que no es perfecto
  • Entiende por qué eres como eres

12. Toma conciencia de tu propósito

  • ¿De qué formas parte?
  • ¿Cómo contribuyes a la sociedad y a tu entorno?

El círculo vicioso de la ansiedad

La ansiedad no es un ente externo, sino algo que pasa en nuestro cuerpo. Eso puede ser un alivio, si decides intervenir, pero un problema si dejas fuera la responsabilidad. Hoy os traemos el “círculo vicioso” de la ansiedad, o esquema explicativo, para que desde el conocimiento se pueda intervenir.img_0293

A nivel físico, hay una serie de constantes que se alteran: la frecuencia cardíaca aumenta, la presión arterial se eleva, los músculos se tensan… Todo esto pasa porque el cuerpo interpreta que tiene que ponerse en marcha para la acción. Esta acción, cuando éramos hombres de las cavernas, era física, pero ahora suele ser más de otro tipo, mental A nivel de pensamiento; la activación física hace que no pensemos con claridad, y podemos experimentar dificultad de concentración, incapacidad para tomar decisiones, peor memoria, percepción distorsionada… Y esto a su vez nos genera emociones negativas: inseguridad, nerviosismo, frustración, cólera, ira… Esas emociones se convierten en un combustible para la generación física del estrés .

Entonces, ¿cómo rompemos el círculo?

– interrupción o canalización de la sensación física

– Interrupción de estrategias mentales – Canalizar y reprocesar la emoción

Analizamos estrategias para cada fase en próximos posts

Astenia otoñal

La astenia como tal es un síntoma que se presenta en varios trastornos, y que consiste en una sensación generalizada de cansancio, fatiga, y debilidad física y psicológica. En el caso de la astenia otoñal, los síntomas son somnolencia, bajo estado de ánimo, dificultad de concentración y apatía. Es prevalente entre los 20 y 50 años, y en mujeres.

El término del verano y comienzo del otoño lleva consigo muchos cambios. El más destacable es que los días se van haciendo más cortos y cada vez tenemos menos horas de luz. Es sabido que el sol y la luz tienen efectos terapéuticos en el estado de ánimo, y a lo que nos habíamos acostumbrado estos últimos meses, se acaba. También descienden las temperaturas y comienzan las lluvias. Además con el término del verano se suelen terminar también las vacaciones, tenemos que volver a tomar las responsabilidades que habíamos a veces dejado de lado en verano, y la vuelta al trabajo puede conllevar en ocasiones, un cierto grado de estrés.

La astenia otoñal como síntoma físico más la conocida depresión post-vacacional se suelen unir, por lo cual nos encontramos en un período en el que debemos tomar alguna medida para mejorar estos síntomas y sentirnos mejor. Los síntomas son el cansancio, la debilidad, la somnolencia, dificultad de concentración, apatía, y a veces falta de apetito, disminución del deseo sexual y descenso de las defensas del organismo.

Tanto si estás sufriendo estos síntomas, como si ya conoces tu propensión a sufrir este tipo de astenia, deberás prevenir o actuar hasta que el organismo se habitúe a los cambios y, en caso de que no remitan, acudir al médico.

CONSEJOS PARA PREVENIR LA ASTENIA:
– Completar una dieta sana con un complejo vitamínico (si tomas algún tipo de medicación es aconsejable que acudas al médico para que no se produzcan incompatibilidades)
– Dormir ocho horas y respetar el mismo horario, incluso los fines de semana.
– Aprovechar las horas de luz para salir a hacer deporte, dar un paseo, o exponerse al sol o al aire libre, para que el cuerpo no sufra un cambio tan drástico, y para beneficiarse de las ventajas del sol.
– El tabaco, alcohol y bebidas con cafeína empeoran los síntomas. Quizá no tengas que dejar de tomar café, pero sí reducir el consumo. El alcohol, en concreto, es depresivo del sistema nervioso central, por lo cual es recomendable no consumir alcohol en esta época.
– Prepara planes que te estimulen física o intelectualmente; lee un libro que te apetezca, queda con una amiga o prepara un fin de semana próximo una excursión o una visita cultural.

EMOCIONES IV: LA TRISTEZA

La tristeza es una de las cuatro emociones básicas. ¿Cómo podríamos saber que estamos alegres sin haber estado tristes? Es la polaridad de la alegría.

La tristeza, como todas las emociones, nos da una información: es un sentimiento que surge cuando se acepta una pérdida. De cualquier tipo; un fallecimiento, una separación, una situación, lo que sea que nosotros creamos haber perdido. Por tanto, como una parte tiene que ver con el razonamiento, es una emoción predominantemente humana.

La tristeza es una emoción de repliegue y despliegue; repliegue hacia nosotros mismos, y posterior despliegue hacia el mundo, para pedir ayuda, o para cubrir esa necesidad que nos fue descubierta cuando perdimos. (Las fases del duelo son las siguientes: negación, fase emocional-tristeza, rabia, miedo-, aceptación y nuevos apegos). Aunque se habla mucho de ser independientes, a veces como la panacea para ser felices, somos seres sociales, y necesitamos de los demás para cubrir ciertas necesidades. No me refiero a ser dependientes de otros, si no conscientes de nuestras propias necesidades y de que no somos omnipotentes, y en esa aceptación podemos tolerar mejor el sufrimiento que nos produce la frustración.

¿Hay en la tristeza algún componente biológico? Es la gran pregunta, la que siempre nos hacemos. La tristeza se asocia a una falta de serotonina en el cerebro, pero no es la causa de la tristeza. SI atribuimos la tristeza sólo a esta causa, ¿qué margen de maniobra tenemos nosotros? Muy poco.

Lo importante, como siempre con las emociones, es aceptarlas. Para ello, os propongo dos preguntas: ¿Qué mensaje te lanza la tristeza?¿Qué te permitiría aceptar tu tristeza?

 

“Las lágrimas son como la lluvia de una tormenta, limpian el ambiente”

Alexander Lowen

Ana Millán

Fotografía: Volkan Olmez

ÉXITO = VOLUNTAD + ESFUERZO

“El éxito no se logra solo con cualidades especiales. Es todo un trabajo de constancia, de método y organización” (JP Sergent)

Hoy proponemos una parada para hablar de algo diferente y que a la vez es uno de los pilares de Salto 51 junto con el potencial de la persona: el Sentido.

Queremos hablar de plenitud y sentido. También de la voluntad y el esfuerzo necesarios para conseguir nuestros objetivos y sentirnos con esa energía tan especial y que nos hace sentir diferentes, con la que todo fluye, con la que uno se siente serenos, sabe estar y… sobre todo se siente “lleno y tranquilo”.

Cada uno sabe lo que es realmente importante para sí mismo. También lo que le llena. Y aquí, nuestro tip para recordar que la plenitud de la persona y consecución de nuestros objetivos o propósitos requiere pasar a la acción y lleva consigo el desarrollo de todas las dimensiones, características del ser humano; tanto la intelictivo-racional como la volitiva y la afectiva-emocional. Y es que estas tres facetas son… ¡son inseparables!

Si paramos un momento en estas dimensiones, podemos recordar que:

  1. Los sentimientos (dimensión afectiva-emocional) son algo de lo que no podemos prescindir. Conectan con nuestra parte mas íntima y expresan lo que realmente el ser humano quiere, entiende e intuye. Cada sentimiento tiene en sí un fin propio, concreto y también, nos da una muy valiosa información. Es importante así conocerlos para regularlos, tener un comportamiento adecuado y mejorar nuestro rendimiento así como estabilidad emocional.
  2. Al igual que los sentimientos deben ser modelados y educados, también es clave prestar atención a las medidas o dosis de voluntarismo y racionalismo que ponemos en nuestra actuación. ¿Cuándo las ponemos? ¿Para qué?
  3. A qué se refiere la dimensión volitiva… ¿Qué sabemos?  ¿qué es la voluntad? La voluntad es una facultad intelectual. Es la “tendencia por la cual nos inclinamos al bien conocido intelectualmente”. Se refiere a “lo que yo quiero”, sí. Y va más allá… Es la capacidad para hacer algo que supone esfuerzo (sin obtener fruto inmediato), disciplina y constancia.

Con este mapa… la acción es lo que nos permite transformar la posibilidad en realidad. Esto implica hacer aterrizar las decisiones en acciones y también, hacer un ejercicio de voluntad, pasar del deseo al hecho a través de esa disciplina, constancia, responsabilidad y deseo de sentirnos plenos. Cada cual necesitará una “receta” personal e individual, sí; recordando y siendo conscientes del resultado que tendremos según sea ésta.

Necesitamos de sentimientos para obrar con vigor así como voluntad, querer hacer, tomar decisiones y pasar a la acción, esa que nos hará “vibrar” y nos llevará a un equilibrio y ayudará a conseguir nuestras metas.

Te invito a dejarte asombrar por este Video, caminar hacia tus metas y recordar cuánto “quieres lograr el éxito”, tu éxito. Sólo tú sabes cómo es para tí.

Elisa Rodríguez
Salto 51

De la posibilidad a la realidad

Las emociones III: El miedo…Profundizando

El miedo es una de las emociones básicas, que compartimos todos los humanos, hablemos la lengua que hablemos, vivamos en el país que sea.

Hay muchos estudios sobre el por qué se produce el miedo, y lo que de momento se concluye es que es una reacción que se produce en nuestro cerebro cuando éste percibe un estímulo como amenazante. Pero, ¿qué es un estímulo amenazante? ¿Una serpiente lo es? De inicio, si. Pero, ¿qué pasa cuando el estímulo que nos provoca el miedo no tiene por qué ser objetivamente amenazante? Y más difícil…¿qué pasa cuando tenemos miedo a algo, pero no sabemos a qué?

Existen según los estudiosos de las emociones, dos tipos de miedo: el miedo innato y el miedo aprendido.

Los miedos innatos de la especie humana son, por una parte, los relacionados con los estímulos intensos, como ruidos fuertes, movimientos bruscos, pérdidas de apoyo, movimientos inesperados, porque si pensamos en el miedo como una reacción emocional adaptativa es lógico, que tengamos miedo, para poder pasar a la acción después de valorar de qué se trata. Por otra parte, el otro tipo de miedo común a la especie humana es la ausencia de estimulación: por ejemplo, el miedo a la oscuridad. Probablemente este miedo tenga que ver con el control, o más bien, con la percepción de falta de control: “si lo tengo todo controlado, nada malo va a pasar, porque si así fuera, pondría solución previamente”. Es un pensamiento lógico, dentro de la lógica como ciencia, pero inútil dentro del funcionamiento humano, porque las personas somos limitadas, nuestra capacidad es finita, y asumir esto a veces, aunque pareciera que no, nos causa miedo.

Los miedos aprendidos o adquiridos son los que se aprenden, y se aprenden de muchas maneras, bien por aprendizaje vicario u observación: “si a mi madre le dan miedo los ratones, es porque hay algo peligroso en ellos”, bien por asociación de estímulos; “alguien me ha dicho o yo he interpretado en algún momento que si fracaso en los estudios, lo pasaré mal en el futuro”, entonces tendré miedo al fracaso académico, y puede que hasta me bloquee ante los exámenes.

Otra teoría a tener en cuenta es que los miedos surgen como la amenaza de no cumplir las necesidades básicas (vamos a tomar como base las necesidades básicas de Maslow). Si no como, me muero, entonces tendré miedo a no tener qué comer. Depende de en qué punto estemos en la pirámide de Maslow, si estoy luchando por cubrir una necesidad básica de segundo orden o de seguridad, podré tener miedo a perder mi trabajo, o si estoy luchando por cubrir mi necesidad de reconocimiento, tendré miedo a la valoración que hacen los demás de mí. El miedo más común en nuestra sociedad actual, según estudios científicos, es el miedo al fracaso en el trabajo.

Y lo que siempre nos preguntamos, ¿cómo lo soluciono? ¿cómo dejo de tener miedo? La pregunta debe ir en otro camino, porque las emociones ni se solucionan ni se borran, se sienten, se aceptan. Incluso habiendo derivado el miedo en una fobia o ansiedad, lo primero que debemos hacer es un trabajo de aceptación. Después pasaremos al trabajo en exposición, o afrontamiento.

Ana Millán

Foto: Andreas Ronningen

Las emociones II: El miedo

Imaginemos un hombre de las cavernas que sale a cazar. Va cargado de energía con sus instrumentos de caza en busca de la presa, y de repente topa con un animal más fuerte que él, un animal al que no puede cazar, sino que, al contrario, es probable que sea cazado por éste. Lo que pasa en su cuerpo, en su sistema límbico y sistema nervioso periférico es que siente miedo. Esto da lugar a una serie de reacciones fisiológicas que le llevan a percibir que se encuentra ante un peligro potencial. Aparece la respuesta de lucha-huida (lucha si considerase que tiene que luchar para salvar su vida, huida si considera más adecuado huir para el mismo fin).

Esta emoción, el miedo, nos alerta de un peligro potencial. ¿Es positiva o negativa? En todo caso, si tuviéramos que clasificarla en esa polaridad, diríamos que es positiva porque es adaptativa, si no se hubiera activado la emoción del miedo, tampoco la reacción de lucha-huida, y entonces probablemente el león habría acabado con el.

Podemos pensar que el hombre de las cavernas huyó porque pensó que sería un peligro potencial, pero las gacelas también huyen en esta situación, y no poseen la capacidad de pensar, como tal (no tienen la estructura cerebral llamada cortex prefrontal, encargada de las funciones superiores como el razonamiento, la lógica, el lenguaje, etc).

Si en algún caso el miedo puede ser “negativo” o desadaptativo, sería porque el miedo, cuando no encontramos una causa concreta (que en realidad siempre la hay, pero no es tan fácilmente identificable como el león) y si se sostiene en el tiempo, se puede transformar en ansiedad, en fobias, o en cualquier tipo de malestar psicológico o incluso físico.

Es por esto que lo saludable, lo dirigido al bienestar, es poder aceptar que sentimos miedo, y que éste, bien encauzado, bien expresado, y aunque no es una emoción placentera, como sí lo es la alegría, puede ayudarnos a detectar posibles peligros, o bien situaciones que en un momento de nuestra vida hemos identificado como peligrosas, pero de manera racional no lo son. O quizá si lo son, pero el negar un sentimiento hace que se alimente.

No pienses en un elefante rosa… ¿En qué piensas?

Reconocer y agradecer

Como te adelantábamos en nuestra última entrada, estamos preparando un especial para tí sobre emociones para ir compartiéndolo en diferentes publicaciones.

Mientras y próximos a unas fechas diferentes, hoy vuelvo a a pensar… ¿Qué es lo que realmente agradecemos? ¿Cuánto lo hacemos? ¿Cómo nos sentimos cuando lo hacemos?…

Comparto este video que me recuerda el efecto que tienen dos sencillas acciones: reconocer y agradecer.

La primera, reconocer, implica nombrar lo valioso de otra persona, sus fortalezas, cualidades, capacidades, talentos, valores; reconocer el esfuerzo realizado, logros y éxitos…. Es importante también recordar, que para que sea efectivo, este reconocimiento debe ser real, veraz y objetivo. Así, con el ejercicio de toma de conciencia de lo que “reconozco y veo en el otro”, probablemente, la segunda acción, agradecer, venga de la mano con el impacto que ello tiene en nosotros y en los demás.

Y ahora, ¿Cuál y cómo será tu próxima llamada?

Sólo tú lo sabes.

 

Elisa Rodríguez